Freyja es cantante de jazz y yo quería regalarle un vestido para sus actuaciones. Anduve buscando y encontré uno precioso de finos tirantes y amplio escote, lentejuelas, algo suelto y un pelín corto. Aquella noche llegamos a casa después de andar de copas y después de desdunarme me puse el vestido que le había regalado. Yo quería divertirla pero noté que aquello me transportaba a una nueva sensación; me sentí un poco mujer - aunque no sé que es sentirse mujer- y al mismo tiempo ella me excitaba, la deseaba.
A Freyja no le gustó aquella situación y se puso seca y distante. Me quité el vestido e intenté disculparme.
Días más tarde me comentó que dudaba de si yo era gay.
No volvió a ocurrir nada parecido pero pasados unos meses ella me dejó.
Hace poco una amiga común me invitó a almorzar en una preciosa casa a orillas del mar; Freyja estaba allí y acabamos hablando y riéndonos juntos.
Me impresionó con un comentario:
"Le conté a una amiga lo que ocurrió aquella noche que te pusiste el vestido que me habías regalado. Me dijo que no eres gay, cree que puede que seas lesbiano".
domingo, 14 de junio de 2009
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